Conducir para integrar

Si el peronismo busca una hoja de ruta hacia 2027, no necesita inventar una teoría exótica: necesita observar con precisión lo que ya funcionó. Lo ocurrido en la Provincia de Buenos Aires en septiembre de 2025 no fue un accidente electoral ni un simple acierto táctico. Fue la demostración empírica de que la territorialidad organizada, cuando está conducida, produce resultados concretos.

En aquella elección, los intendentes no fueron figuras decorativas ni meros ejecutores administrativos. Fueron protagonistas políticos. Pusieron el cuerpo, ordenaron el discurso local, tradujeron el proyecto provincial a la escala barrial y garantizaron presencia constante. La conducción no se diluyó en debates abstractos: bajó al territorio, articuló responsabilidades y construyó una narrativa común. El resultado fue doble: consolidación propia e inquietud en La Libertad Avanza, que debió revisar su estrategia ante una estructura que no había logrado perforar.

Ese esquema ofrece un espejo para la elección nacional.

Si en la provincia los intendentes fueron la columna vertebral de la victoria, en el plano nacional los gobernadores podrían cumplir el mismo rol estructurante. La analogía es clara: así como el municipio es la base del poder provincial, la provincia es la base del poder nacional. Territorialidad municipal en Buenos Aires; territorialidad provincial en la Nación.


La pregunta estratégica entonces no es quién será el candidato en 2027, sino cuál será la arquitectura territorial que lo sostenga.
Hoy el peronismo enfrenta una tensión delicada: algunos gobernadores, para sostener equilibrios fiscales y gobernabilidad local, han acompañado parcialmente iniciativas del gobierno nacional. Esas decisiones, pragmáticas en muchos casos, generaron reacciones internas que corren el riesgo de marginarlos del dispositivo político nacional. Pero si la experiencia bonaerense enseñó algo, es que excluir actores territoriales debilita el entramado general. En septiembre de 2025 nadie preguntó si cada intendente coincidía en todo; lo que importó fue que estaban encuadrados en una estrategia común. Esa es la clave del paralelo. La conducción eficaz no exige unanimidad ideológica: exige alineamiento estratégico.

Trasladado a 2027, el espejo es evidente: una liga federal de gobernadores que actúe como los intendentes bonaerenses actuaron en su escala. Presencia activa en cada provincia, articulación con legislaturas locales, construcción de agenda productiva regional y compromiso explícito con un programa nacional compartido. No como sumatoria de feudos, sino como red coordinada.

Ese diseño enviaría tres señales potentes. Primero, hacia adentro: el peronismo vuelve a tener un dispositivo ordenado. Segundo, hacia afuera: el país no se gobierna desde un centro aislado, sino desde una trama federal real. Tercero, hacia el adversario: no hay territorios disponibles para ocupar por vacío político.

Porque el riesgo de no integrar a los gobernadores es claro. La política no tolera espacios vacantes. Si el peronismo retrae su estructura federal por sospechas internas, La Libertad Avanza avanzará allí donde hoy todavía no tiene consolidación territorial. La exclusión preventiva puede transformarse en derrota estratégica.

La enseñanza bonaerense es sencilla pero profunda: se gana cuando cada nivel del poder territorial se siente parte de un proyecto común y actúa en consecuencia. Se pierde cuando las tensiones internas reemplazan a la conducción.

En definitiva, el espejo está disponible. La victoria provincial basada en intendentes comprometidos puede replicarse a escala nacional con gobernadores comprometidos. Pero para que ese paralelo sea real, hace falta amplitud en la conducción. Amplitud para integrar incluso a quienes hoy generan incomodidad. Amplitud para comprender que gobernar un país federal exige compartir poder antes de ejercerlo.

La política no es la concentración de fuerzas para pelear con todo lo que no se conduce; eso es lógica de guerra. La política es el arte de organizar voluntades diversas bajo un objetivo común. En 2027, el peronismo no necesitará solo un candidato competitivo. Necesitará una estructura territorial que funcione como anticipo del gobierno que propone.

Si Buenos Aires fue el laboratorio, la Nación puede ser la escala. El espejo está ahí. La decisión es mirarlo o ignorarlo.

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